Los patrones de migración de las ballenas jorobadas Megaptera novaeangliae (Borowski, 1781) en el Hemisferio Sur han sido ampliamente estudiados en et al., 2004, Stevick et al., 2010; Rosenbaum et al., 2009; Felix et al., 2012; Jackson et al., 2014). Las ballenas jorobadas son cosmopolitas, y para fines de manejo y conservación, las áreas de reproducción del Hemisferio Sur se dividieron históricamente en siete poblaciones, de acuerdo con sus patrones de migración y áreas de reproducción. El stock reproductor A incluye las ballenas jorobadas del Atlántico Sur occidental, el stock B del Atlántico Sur oriental, el stock C del Océano Índico occidental, el stock D del Océano Índico oriental, el stock E del Pacífico Sur occidental, el stock F de Oceanía y el stock G del Pacífico Sur oriental (IWC, 2015).

Aunque estas divisiones sugieren rutas típicas para cada una de las siete poblaciones reproductoras, se han registrado intercambios ocasionales de ballenas jorobadas individuales entre océanos dentro del Hemisferio Sur (por ejemplo, Pomilla y Rosembaum, 2005; Stevick et al., 2010). La identificación individual de las ballenas jorobadas mediante la identificación con foto de los marcadores genéticos y de fluke corrobora en gran medida las poblaciones reproductoras propuestas por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) y el bajo flujo genético entre hemisferios (Jackson et al., 2014). Según Jackson et al. (2014), el flujo de genes ha sido más restringido entre los océanos inter-hemisféricos que a través de los océanos del Hemisferio Sur. Por lo tanto, los cambios de tamaño de las ballenas jorobadas individuales en diferentes poblaciones del mismo hemisferio podrían corroborar el potencial de flujo genético entre los criaderos del sur (Stevick et al., 2010). Dado que las ballenas jorobadas de ambos hemisferios están diferenciadas geográfica y genéticamente, lo que refleja un bajo flujo de genes orgánicos, recientemente se propusieron tres subespecies de M. novaeangliae, M. novaeangliae australis (Lesson, 1828) del Hemisferio Sur, M. novaeangliae novaeangliae (Borowski, 1781) del Océano Atlántico Norte y M. novaeangliae kuzira (Gray, 1850) del Océano Pacífico Norte (Jackson et al., 2014).

Rosenbaum et al. (2009) inferieron la estructura poblacional de las ballenas jorobadas del Atlántico sur y encontraron que, aunque se habían registrado eventos de migración transoceánica raros (Pomilla y Rosembaum, 2005), había diferentes agregaciones demográficas con baja divergencia genética y tasas de migración esperadas entre las poblaciones de las dos poblaciones del Atlántico sur A (población del Atlántico Sur occidental) y B (población del Atlántico Sur oriental), corroboradas por una estructura de canto idéntica entre estas poblaciones en una sola temporada de reproducción (Darling y Sousa-Lima, 2005). Por lo tanto, el flujo génico mediado por hombres de estas dos poblaciones puede ocurrir durante la migración o en áreas de alimentación, como señaló Rosenbaum et al. (2009). Jackson et al. (2014) también compararon la población del Océano Atlántico sur con la del Pacífico sur y el Océano Índico, y observaron una diferenciación baja pero significativa con altas tasas de migración entre los océanos del Hemisferio Sur.

Docenas de cadáveres de M. novaeangliae se lavan en la costa brasileña cada año (Groch et al., 2012) y algunas de ellas se extienden a lo largo de la costa patagónica, especialmente de julio a noviembre, cuando las ballenas jorobadas migran de zonas de alimentación templadas y polares a los trópicos para reproducirse y anidar. Estos cadáveres representan una importante fuente de información sobre una amplia gama de cuestiones, desde anomalías esqueléticas hasta endocrinología reproductiva (Groch et al., 2012; Mello et al., 2017), así como enfermedades (por ejemplo, Ott et al., 2016) y datos parasitarios (Moura et al., 2013). Entre los ectoparásitos, los anfípodos crustáceos llamados «piojos de ballena» se encuentran comúnmente en M. novaeangliae. Estos piojos de ballena no tienen una etapa de natación libre, por lo que su transmisión solo puede ocurrir durante el contacto entre ballenas (Rowntree, 1996; Kaliszewska et al., 2005). Los piojos de ballena constituyen toda la familia Cyamidae Rafinesque, 1815, que comprende 28 especies dentro de ocho géneros, donde Cyamus Latreille, 1796 es el género más específico, y la mayoría de las especies dentro de Cyamus son parásitos de ballenas (Iwasa-Arai y Serejo, 2018). Cyamus boopisLütken, 1870 es la única especie que se encuentra viviendo en ballenas jorobadas, y se ha registrado en M. novaeangliae en todo el mundo (Lütken, 1870; Hurley, 1952; Margolis, 1955; Gruner, 1975; Fransen y Smeenk, 1991; Rowntree, 1996; Abollo et al., 1998; De Pina y Giuffra, 2003; Iwasa-Arai et al., 2017a, Iwasa-Arai et al., 2017b).

Las relaciones Huésped-parásito proporcionan un marco comparativo útil para examinar los procesos evolutivos, ya que se ha demostrado que las tasas de evolución molecular en los parásitos son considerablemente más rápidas que en sus huéspedes (Page y Hafner, 1996; Kaliszewska et al., 2005). En los Cyamidae, las divergencias de secuencia sinónimas pueden ser 10 veces más rápidas que en sus huéspedes de ballenas para marcadores homólogos(Kaliszewska et al., 2005), considerando su corto tiempo de generación (Callahan, 2008; Woolfit, 2009). Por lo tanto, la estructura genética de los ciámidos también podría revelar encuentros entre ballenas de diferentes poblaciones. Por lo tanto, los patrones demográficos históricos en los ciámidos deberían ser más evidentes que en sus huéspedes.

Los estudios poblacionales de ciámidos son todavía escasos, limitados a análisis utilizando fragmentos de piojos de ballena franca (Eubalaena spp.) de la subunidad I (COI) del gen mitocondrial citocromo c oxidasa.). (Kaliszewska et al., 2005) y de gray whales (Callahan, 2008). Ambos estudios mostraron altos niveles de diversidad genética para todas las especies de ciamida y no se encontró estructura poblacional. Además, Kaliszewska et al. (2005) observaron una alta diversidad de haplotipos en los piojos de ballena franca, y aunque las mismas poblaciones de especies exhibieron homogeneidad genética, los ciámidos de diferentes especies de Eubalaena han estado separados geográficamente durante varios millones de años y, por lo tanto, constituyen tres linajes distintos, uno de cada especie de Eubalaena.

Hasta la fecha, no se han realizado estudios sobre la estructura genética de la población de C. boopis, ectoparásito de una de las ballenas más estudiadas y cosmopolitas del mundo. El objetivo de nuestro estudio fue estimar la estructura poblacional de C. boopis a partir de tres stocks reproductores de M. novaeangliae del Hemisferio Sur (stocks A, B y E) basados en secuencias de genes COI y compararlos con secuencias de C. boopis del Hemisferio Norte, para establecer si esa estructura poblacional está correlacionada con la estructura genética de las ballenas jorobadas encontrada en estudios anteriores.

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